En diferentes ciudades de nuestra provincia, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se reunieron con un mismo propósito: servir a la comunidad con dedicación, amor y esfuerzo.
En San Martín de los Andes, una veintena de adultos, jóvenes y misioneros concluyeron a las 18 hs del 27 de septiembre una jornada intensa de servicio. “Después de una jornada maratónica se cumplió el objetivo”, expresó con alegría Jorge León, responsable de Culto de la municipalidad, quien junto al Obispo Anfuso planificó cada detalle de esta labor.
En Zapala, desde temprano los miembros se organizaron con sus Obispos. Escaleras, tachos de pintura y rodillos fueron las herramientas que acompañaron la buena disposición de hermanos, hermanas, jóvenes y misioneros en el Polideportivo Municipal. “Ver a las personas con ese chaleco bien identificado, distribuidos en todo el predio, viendo el trabajo hecho con amor, con pinceles, rodillos… fue gratificante. Como dice la palabra: mejor es dar que recibir”, expresó el Sr. Osvaldo Molina, encargado de Culto en esa ciudad.
En Junín de los Andes, el ánimo nunca faltó. El hno. Baratta compartió: “Realmente estas actividades son inspiradas y nutren el sentido del esfuerzo mancomunado como hermanos en la fe. Nos proporcionan guía y dirección; en lo personal, celebro estos logros.” También fue ejemplo el hno. Fabián San Martín, quien puso a disposición su máquina y camión para colaborar con la limpieza del predio, mostrando que al ofrecer nuestros talentos y recursos también elevamos nuestro espíritu.
En Chos Malal, miembros y misioneros, con sus pecheras amarillas, realizaron limpieza, desmalezamiento y pintura en la plaza central, dejando un espacio renovado y bello para la comunidad.
En Rincón de los Sauces, jóvenes, hermanas y hermanos trabajaron hombro a hombro pintando y acondicionando el hospital local, que será inaugurado el 30 de septiembre. La participación femenina se hizo notar: ninguna dejó de aportar, mostrando que el servicio une corazones y fortalece la fe.
Finalmente, en Plaza Huincul – Cutral Co, una veintena de miembros se dispuso a limpiar, pintar y plantar árboles. Cada Fresno y Paraíso colocado representaba no solo vida nueva para el predio, sino también la esperanza y el deseo de seguir construyendo comunidad. Los directivos presentes agradecieron el compromiso y la dedicación que observaron en cada tarea.
Reflexión
Al observar los rodillos, pinceles, escaleras, tachos de pintura, camiones y manos dispuestas, comprendemos que estos instrumentos no son muy distintos de los talentos, dones y virtudes que el Señor nos da. Así como cada herramienta cumple una función específica para embellecer y restaurar un lugar, cada hermano y hermana, con sus dones, hace más bello y fuerte el cuerpo de Cristo cuando los pone al servicio.
El servicio comunitario no solo transforma espacios físicos; también moldea corazones, fortalece la fe y deja huellas imborrables en quienes participan.
El voluntariado y la caridad son más que acciones solidarias: son expresiones de la vida cristiana, máximas que reflejan la esencia del Evangelio. Como enseñó el Salvador: “El que quiera ser el mayor, que sea el servidor de todos.”
Que estas experiencias nos animen a seguir sirviendo con amor, recordando siempre que al dar, recibimos mucho más de lo que ofrecemos, y que en cada acto de servicio descubrimos al Salvador más cerca de nosotros.